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«Brecha salarial: más injusticia y discriminación»

Imagen Editorial AGFITEL

14:04, 22 de noviembre de 2017

Pedro L. Hojas CanchoEn los últimos años, observamos que el discurso igualitario entre hombres y mujeres está más presente en la sociedad. Se habla más de igualdad, se cuida más el lenguaje, se van asumiendo conceptos como la necesidad de conciliación de la vida laboral, con la personal y la familiar, y de corresponsabilidad familiar.

 

Sin embargo, en muchos casos, asistimos a un mero discurso sin contenido. Todavía hay mucho que hacer para que todos los ciudadanos interioricemos realmente la igualdad de género.

 

En el mundo del trabajo, también se han producido cambios importantes. No solo porque, hoy en día, la inmensa mayoría de las mujeres no están dispuestas a permanecer en un estado de inactividad laboral, sino porque su nivel de formación y cualificación es elevado –incluso superior al de los hombres–, lo que debería facilitarles el acceso al mercado de trabajo, pero la realidad es que siguen enfrentándose a enormes dificultades. En primer lugar, para encontrar un empleo, y después, para desarrollar su carrera profesional en términos de igualdad.

 

Aunque en la era actual, en un mundo cada vez más mecanizado y tecnificado, no deberían existir trabajos femeninos o masculinos, pues hombres y mujeres pueden desempeñar cualquier actividad en igualdad de condiciones, sigue produciéndose una segregación por sexos. Segregación que determina que hombres y mujeres ocupen, de un modo sistemático, distintas posiciones y espacios en el acceso a determinados puestos de trabajo y ocupaciones, en el tipo de contratación, en la promoción en las empresas, etc.

 

La existencia de puestos o profesiones desempeñados casi exclusivamente por mujeres se debe a la infravaloración del trabajo femenino, a que sus capacidades no son igualmente valoradas, lo que provoca que sus avances profesionales sean mucho más lentos, y sus salarios más bajos.

 

Las mujeres cobran un 23% menos que los hombres. Y esto se van a perpetuar a lo largo de su vida. Será menor la prestación de prestación por desempleo, si pierden en empleo, y será menor la pensión de jubilación –la brecha actual es del 38%–.

 

La sociedad no puede conformarse con constatar esto, hay que ponerle solución. Y, para ello, es imprescindible identificar las verdaderas causas que motivan la brecha salarial. Que pueden ser diferentes de unas empresas a otras y de unos sectores a otros.

 

La clave de la discriminación salarial no está en las tablas salariales pactadas en los convenios, ni en el incremento salarial que se aplique cada año. Por regla general, se encuentra en la parte variable del salario, así como en los conceptos retributivos extrasalariales, que, generalmente, no se rigen por parámetros objetivos.

 

La parte variable del salario, en la que se produce la brecha, puede estar compuesta de múltiples conceptos en los que no solo existe un alto grado de discrecionalidad por parte de la empresa, sino que puede componerse incluso de conceptos no regulados en el convenio.

 

No podemos caer en la trampa de creer que las diferencias se producen porque las mujeres no aceptan puestos de más responsabilidad, o porque eligen libremente entre la vida personal y la carrera profesional. El techo de cristal es una realidad que hemos de romper.

 

Es urgente que en cada mesa de negociación, en cada empresa y en cada sector se aborde la brecha salarial como lo que es: una injustica que debemos erradicar.

 

Pedro Luís Hojas Cancho

Presidente de la Fundación AG FITEL

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